Gilberto Aceves Navarro Jeannette Betancourt Juan Manuel de la Rosa Yvonne Domenge  
Manuel Felguérez Fernando González Gortázar Perla Krauze Marina Láscaris Águeda Lozano
Gabriel Macotela Manuel Marín Brian Nissen Kiyoto Ota Vicente Rojo Naomi Siegmann

Elogio al espacio: Intervenciones escultóricas en la UAM-Azcapotzalco más que el título de un libro de arte, es un registro pormenorizado de un cometido fundamental por mejorar el escenario donde ocurren buena parte de las actividades cotidianas de nuestra comunidad. Se trata de una bitácora que, con rigor y detalle, rinde cuentas del proceso de análisis, diseño y proyecto que derivó en identificar los quince lugares susceptibles de recibir estructuras tridimensionales. Mención especial merecen quienes coordinaron el proyecto y lo han llevado a buen puerto: los doctores Bela Gold y Luis Ignacio Sáinz y el arquitecto Juan Álvarez del Castillo, al frente del Taller Majac.
En consecuencia, la materia misma de la iniciativa es la reivindicación de la cultura como vehículo cotidiano de convivencia colectiva. En esta dirección, se impone reflexionar, así sea con brevedad, en el significado de lo que somos y de cómo la cultura es la realidad que nos vertebra como colectivo. Eso que nos hace cambiar y ser mejores gracias a nuestra capacidad de preguntarnos críticamente por el contexto y nuestra inserción en él. Octavio Paz solía afirmar que: “Cada hombre oculta un desconocido”. Es cierto, pues ni el yo más consciente sabe a ciencia cierta de lo que es capaz. Quizá la cultura sea el medio indicado para revelar esta potencia que nos diferencia de “los aullidos de las bestias” y “las carcajadas de las hienas”, en las expresiones del poeta.
El derecho a la cultura, elevado a rango constitucional, remite a otros preceptos de nuestra Carta Magna con la intención de materializarse en plenitud. En primer lugar se ubica el reconocimiento de nuestra nación como una realidad social pluricultural, lo que implica construir una política cultural democrática basada en la diversidad. Esta concepción exige el fortalecimiento de lo local, pues es justo allí donde se expresan con mayor fuerza nuestras identidades, memorias y vocaciones de futuro. Planteado de esta forma conviene el uso del plural, pues por un lado se trata de respetar e impulsar los derechos culturales que podríamos denominar constitutivos, es decir aquellos rasgos con los que los sujetos se definen a sí mismos; y por otro, reconocer y promover los derechos culturales calificados de consecutivos, es decir aquellos referidos al fortalecimiento de las capacidades de los sujetos para lograr su realización integral como personas.
Estos derechos concebidos en calidad de auténticas garantías del desarrollo de los sujetos se encuentran vinculados de manera directa con la libertad cultural, esto es la capacidad de elegir la forma de vida que la persona valore más. Y ello supone que los sujetos estén en condiciones de aprovechar las posibilidades que se les presentan, conciliando bienestar, conocimiento y desarrollo. En este sentido, capacidades y oportunidades guardan un vínculo estructural, sin el desarrollo de aquellas resulta improbable el aprovechamiento de las segundas, sobre todo desde una perspectiva que privilegie la dignidad humana, la identidad y el sentido de pertenencia.
El espíritu UAM está consignado en su Ley Orgánica (1973) y particularmente en el inventario de sus funciones sustantivas: docencia, investigación, difusión y preservación de la cultura. Semejante agenda del conocimiento apunta en síntesis, a formar sujetos cultos de su tiempo: ciudadanos críticos, profesionales y con sentido social. Por ello, resulta estratégico fortalecer en nuestra comunidad eso que los griegos llamaron Paideia (παιδεια: educación, formación, atingente a los valores cívicos) y que la UNESCO (1982) designa como:
Conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores y las creencias. La cultura da al hombre la capacidad de reflexión sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. Por ella es como discernimos los valores y realizamos nuestras opciones. Por ella es como el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevos significados y crea obras que lo trascienden.

Podría afirmarse, sin exageración alguna, que lo que nos hace propiamente humanos es la cultura. Y esta es la razón por la cual en la Unidad Azcapotzalco hemos apostado a favor de su divulgación, en todas y cada una de sus vertientes, sin privilegiar a ninguna de ellas y, por supuesto, sin sucumbir a los prejuicios del pasado que la catalogaban en una expresión “alta”, destinada a las élites, y otra “baja”, orientada a las clases subalternas. En este libro se rinde cuentas del trabajo de perfeccionamiento de nuestros ambientes; y qué mejor que impulsarlo con la participación de creadores destacadísimos que, con generosidad ilimitada, han donado el diseño de sus composiciones para embellecer nuestro paisaje y ofrecernos una visualidad armónica.
Elogio al espacio: Intervenciones escultóricas en la UAM-Azcapotzalco nos permite entender a la cultura como una inversión y no un gasto, y como un mecanismo eficaz para articular las distintas facetas del proceso de enseñanza-aprendizaje con la investigación y la preservación y difusión de la cultura, para cumplir así el compromiso de formación integral, humanista, que plantea nuestro modelo educativo.

 

Paloma Ibáñez Villalobos